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  • Foto del escritorA. Bravo

Diane Arbus. Emoción por el feísmo. By Enrique Maciá.



Diane Arbus fue una de las fotógrafas más destacadas del siglo XX.



Desarrolló un estilo personal en sus retratos, visibilizó una serie de personajes nada atractivos, lo que ha valido el sobrenombre de cronista de los freaks. Cierto que realizó muchos retratos, no siempre de personas marginales, pero la maestría con la que lo hacía le hizo ponerse en el foco de estos temas. Cierto que otros ya habían explorado esta tendencia, pero fue Diane la que la puso a un nivel de difusión generalizada. Su obra, que podría encuadrarse dentro del estilo feísta, debe ser analizada en el contexto temporal en el que se desarrolló.


Francis Bacon. Retrato de Inocencio X. 1953.


El Feísmo es una tendencia artística que concede valor intrínseco a lo feo, a lo que carece de belleza, que repele, que desagrada o que provoca rechazo, algo considerado anormal, raro o monstruoso, ya sean personas, animales o plantas. Retratarlos ha sido una constante en el Arte. Podemos citar el retrato de Inocencio X de Francis Bacon o las pinturas negras de Goya. En la fotografía hay ejemplos claros, como los fotógrafos Joel Peter Witkin o Weegee, por citar solo a dos. En el cine, es clásica la película Freaks (que se tituló en España como La parada de los monstruos), que dicen que influyó en Arbus.



El uso de lo feo requiere una correcta justificación y una intencionalidad, bien para provocar una tensión en quien mira y mostrar el horror o la diferencia con los que convivimos, bien como una crítica al sistema o como una llamada de atención al espectador. La exhibición deliberada del mal gusto solamente por puro artificio -para provocar, con el único propósito que escandalizar–, es vacía y podríamos decir que se diferencia de la exhibición intencionada como se diferencia el comienzo de Un perro andaluz de Torrente, el brazo tonto de la ley.



Si embargo estas obras, por alejadas del morbo que sean, han provocado también rechazo en muchos espectadores, rechazo pasado a veces por el tamiz ideológico, nacionalista, racista o religioso. En 1966, un hombre escupió sobre la fotografía “Hombre joven con rulos en su casa” de Diane Arbus, que se encontraba colgada en el MoMA.


Diane Arbus. Joven con rulos en su casa de West 20th Street. 1966


Diane Arbus, Diane Nemerov de soltera, nació en la ciudad de Nueva York en 1923, en el seno de una familia judía adinerada, dedicada al negocio de la moda. Sus abuelos maternos, de origen polaco, tenían un pequeño negocio de pieles, Russeks, que pronto se convirtió en un éxito comercial por la calidad de las prendas y por el precio. A ese negocio llegó como dependiente el padre de Diane, David Nemerov, destacando por sus ideas con respecto al negocio de la moda y su buen gusto estético. Se casó con la hija de los dueños y llego a ser presidente de la firma con sede en la 5ª Avenida. Cuando nacen los hijos, la familia ya esta instalada en un amplio y lujoso apartamento en el 146 de Central Park West, una de las zonas más exclusivas de Nueva York. Los hijos recibieron una esmerada educación y pronto manifestaron tendencias artísticas. El hermano mayor, Howard, se dedico a la literatura para decepción de su padre y llego a ser un reconocido poeta, recibiendo el mayor galardón poético de los EEUU: Poet Laureate. A Diane le gustaba pintar y dibujar. Finalmente llegó la pequeña, Renee, que fue pintora. Su infancia estuvo marcada por una falta de afecto de sus progenitores, una madre de tendencias depresivas, que pasaba gran parte del tiempo en cama o en la tienda de modas y un padre dedicado al negocio que casi nunca estaba en casa. Los niños crecieron en un ambiente lujoso, con una esmerada educación, pero alejados de la realidad. En sus diarios, Diane escribía:


Mi hermano y yo nunca nos aventuramos fuera de casa... ¡El mundo exterior parecía tan lejano...! No está mal, pero muy lejos, porque las puertas estaban cerradas…, y nunca esperabas encontrarlo. Viví muchos años como si hubiera habido una epidemia. Se podría decir que mi mundo era uno de inocencia, pero nunca había sido bonito...”


Edificio que actualmente ocupa en nº 146 de Central park W. (Google Maps)


En 1937, con 14 años Diane, que acudía a negocio familiar a recibir clases de dibujo de la directora artística del mismo, conoce a Allan Arbus un empleado del departamento y se enamora perdidamente de él. La oposición familiar fue clara, aunque era una historia repetida, ya que su madre, la heredera, se había casado con su padre, un empleado. A pesar de eso mantuvieron una relación y cuando Diane cumplió 18 años, en 1941, se casaron. Allan, que había estudiado fotografía, le regaló a Diane su primera cámara y este es el primer contacto suyo con la fotografía. Sin ayuda familiar montan estudio (Diane & Allan Arbus), trabajando juntos, sin subordinación del uno al otro, lo que no era habitual en ese tiempo. La única ayuda familiar que recibieron fueron unos encargos de fotografía de moda para Russeks. Otros grandes almacenes siguieron y luego las revistas Vanity Fair, Esquire, Vogue, Harper’s Bazaar, House and Garden, etc. Mientras, llegaron los 2 hijos que la pareja tuvo.


Diane Arbus recibió influencias de diferentes autores como Ansel Adams, BrasaÏ pero, sobre todo de Arthur H. Fellig (Weegee) y aprendizaje con fotógrafos como Brodovitch, director artístico de Harper’s Bazaar.


Algunas de las influencias de Diane Arbus


Entre 1955 y 1957, Diane recibe clases de la fotógrafa austriaco-estadounidense Lisette Modell, quien la consideró su mejor discípula. Le insistió en tener una técnica impecable y le enseño “mirada fotográfica”, animándola a retratar sujetos distintos y a transmitir su personalidad. “No pulses el disparador hasta que el sujeto que enfocas te produzca dolor de estómago”, le insistía. Y le animó a dejar el 35 mm y pasar al formato medio (se compra una Rolleiflex) y a abandonar el grano. Su trabajo con Lisette fue muy productivo y marcó lo que sería su estilo futuro. Entra ambas se estableció una buena relación porque tenían una historia parecida.


En 1955, Edward Steichen incluye una fotografía en la exposición The Family of Man, en el MoMA y Obtiene una beca de la Fundación Guggenheim.


Chico leyendo el periodico, NYC. 1956


En 1958 Allan decide dedicarse a la actuación y se enamora de una compañera de clases de interpretación. Se separaron en 1959 y se divorcian finalmente en 1969. Aunque mantienen buena relación, esto termina afectando a Diane en términos personales y, probablemente, artísticos. El mismo Allan, que acabó siendo un actor de una cierta importancia, muchos años después declaraba que la separación fue lo que convirtió en fotógrafa a Diane, sin embargo, muchos autores consideran que su estilo fotográfico esta más marcado por su infancia que por la separación.


En contra de quienes atribuyen su fama al “Síndrome del artista muerto”, hay que decir que en vida ya fue una fotógrafa con reconocimiento y participó en destacadas exposiciones, publicó y recibió encargos de ámbitos importantes, sin embargo, esto no repercutía demasiado sobre su economía, ya que le pagaban la mitad que a sus compañeros masculinos y muchas veces las revistas no se atrevían a publicar sus fotos temiendo el rechazo de los lectores. Vivía sin muchas estrecheces, pero sin lujos.


De izquierda a derecha y de arriba a bajo: Joven en una manifestación proguerra, NYC. 1965. Niño con una granada de mano de juguete en Central Park, NYC, 1962. Mujer portorriqueña con un lunar, N.Y.C. 1965 y 3 enanos rusos amigos en un cuarto de estar en la calle 100, N.Y.C. 1963.


Fue docente en numerosas escuelas y centros educativos artísticos, como la Parsons School of Desing (1965-66), la Cooper Union (1968-69) o la Rhode Island School of Desing (1970-71). En 1970 daba clases en un complejo para artistas que acababa de abrir cerca de los muelles del río Hudson y también daba clases particulares en su casa. Sus clases estaban siempre abarrotadas.

Trabajó con Szarkowski (director de fotografía del MoMA), preparando una exposición de fotografías de periódicos (Iconografía del Daily News). En 1971 rechazó enseñar en la Universidad de Yale.

La Galeria Corcoran de Washington, le propuso exponer en la Bienal de Arte de Venecia, propuesta que aceptó y que no llego a ver, ya que fue al año siguiente de su muerte. Fue la primera fotógrafa que expuso individualmente en esa Muestra.


De izquierda a derecha: Transformista cogiendo unos guantes largos en el camerino, NYC, 1961. Jack Dracula en el bar, New London, Conn, 1961 y Hombre con sombrero, bañador, calcetines y zapatos, Coney Island, NY. 1960


En 1969 obtiene una beca de la Fundación Guggenheim para un proyecto sobre pacientes psiquiátricos ingresados disfrazados el día de la fiesta del centro, trabajo que empezó a realizar en 1970 y que, prácticamente fueron sus últimas fotografías.



El 27 de Julio de 1971 la encuentran muerta en su apartamento. Su diario abierto en la pagina del día 26 solo tenia una anotación: “Ultima cena”. La investigación concluyo que se trataba de un suicidio.


Entre las exposiciones que realizó o en las que participó, destacan The Family of Mann. (1955. E. Steichen, comisario), Group Show (1955. MoMA), Guggenheim Group Show (1966, Philadelphia College of Arts), New Documents (1967, con Friedlander y Winogrand, en elMoMA y 16 museos estadounidenses más) y la Bienal de Venecia de 1972, donde fue la primera mujer que expuso de forma individual. Entre 1972 y 1975, con Szarkowski de comisario se expone una retrospectiva suya en el MoMA, que fue vista luego en 16 importantes museos.



Su obra figura en colecciones como las del MoMA, National Gallery, Washington, MNA Reina Sofia, Tate, Bibliotèque Nationale de Paris y 70 museos mundiales más.


Impartió docencia en Nueva York, en la Parsons School of Desing (1965-66), la Cooper Union (1968-69) o la Rhode Island School of Desing (1970-71), entre otros lugares de la ciudad de Nueva York. Rechazó enseñar en la Universidad de Yale


Es cierto que fue una artista controvertida y entre sus detractores destaca, por su importancia, Susan Sontag (1933-2004), filósofa, ensayista, profesora, guionista, directora de cine y una de las intelectuales estadounidenses más reputadas del siglo XX, quien en 1977 publicó una recopilación de artículos suyos aparecidos en la mítica revista The New York Review of Books. Se trata de un ensayo, titulado Sobre la Fotografía, para lo que analiza una larga lista de fotografías y fotógrafos que fueron decisivos en la formación de una manera de mirar el mundo durante el siglo XX. Analiza las imágenes basándose en la ética, la interpretación o la descripción de las mismas. Es uno de los libros más influyentes sobre semiología fotográfica. En él dedica un capítulo completo a Arbus (“Como en espejo, oscuramente: Un país visto en fotografías”), algo llamativo porque el resto de capítulos están dedicados a ideas y conceptos, poniendo como ejemplo diferentes fotógrafos, pero no hay otro capitulo dedicado monográficamente a ningún autor. Si bien el capitulo esta dedicado a la idea fotográfica de Estados Unidos, es realmente un juicio implacable, nada condescendiente y con tintes nacionalistas (“La fotografía americana”, cuando analiza solo la fotografía estadounidense) en la que, de paso, le atiza también a Robert Frank.


Equipara ciertas imágenes a “pornografía” y establece un paralelismo entre Arbus (judía de familia rica) vs Warhol (católico de clase obrera), con una cierta condescendencia hacia este último. Algunas de sus frases son “Fotografiando enanos no se revela majestad y belleza, se revelan enanos”, “La fotografía americana ha pasado de la emoción a la erosión y, finamente, a la parodia”, “Para Arbus, la cámara fotografía lo desconocido. ¿para quién? Solo para alguien educado en la mojigatería … para la que los gustos sexuales minoritarios eran despreciados por impropios de su raza …”, “La tentativa implícita de Frank y Arbus y de muchos de sus contemporáneos y sucesores es mostrar que Norteamérica es la tumba de Occidente”. En definitiva, contrasta la ferocidad del análisis con alguien que por su formación académica, y también por su perfil personal, debería conceder más importancia a la revisión de las gamas de grises que toda idea o concepto tiene.


Sin embargo, otros expertos y fotógrafos tienen opiniones distintas. Walker Evans pone en valor la búsqueda del individuo, de la persona, que hace la fotógrafa (“El estilo de Arbus está enteramente en su sujeto). Avedon, que la admiraba destacaba su trabajo y su búsqueda (“Nada en su vida ni en sus fotografías fue accidental u ordinario. Fueron misteriosas, decisivas e inimaginables excepto para ella misma. En ello radica su genialidad”).


Nan Goldin, la fotógrafa del underground de la época del popart, decía que “Era capaz de mirar a las caras que evitamos con la mirada y mostrar la belleza y el dolor que hay en ellas”


El fotógrafo Neil Selkirk, que trabajo en sus primeros años con Avedon, la definía como alguien único en su momento: “Era una figura aislada. Como fotógrafa, sus aspiraciones eran singulares y no tenía conexión con la estética predominante en su tiempo”.


En sentido semejante se manifestaron diversos expertos, críticos, biografos y académicos como Marta Gili (“Con Arbus, ya no importa el origen social. Todos tenemos derecho a la representación”) o Paloma Castellanos (“La elección obsesiva de sus modelos refleja una problemática vital, nos enseña que todos somos monstruos”)


Zarkowski, que fue el sucesor de Steichen en la dirección del Departamento de Fotografía del MoMA decía de ella que “Fue una artista y una periodista que, a semejanza de Walker Evans, era una testigo de la modernidad más que una participante o una activista” y Sarah H. Meister, conservadora de fotografía del mismo museo destacaba su aspecto humanista, el contenido y el contexto humano de sus retratos (“Sus imágenes reflejan una vulnerabilidad.


Fue una fotógrafa humanista, en el sentido de que demostró un interés permanente por la condición humana”). Corey Keller, directora del departamento de fotografía del SFMoMA dijo que “Arbus realizó algunas de las fotografías más potentes del siglo XX”.


Eliot Erwit. Retrato de Diane Arbus en el MoMA. 1969


La revista The New Yorker la calificó como La Goya estadounidense, es decir que su mirada reflejaba las desgracias y miserias que la sociedad presenta y que, muchas veces, no queremos o no nos apetece ver.


Referencias:


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